Me asomé a la ventana de mi casa, estaba
nublado, mejor dicho había una niebla espesa que me impedía ver los rosales,
las camelias y aquellas preciosas flores que ahora tienen los rododendros.
Había esperado dos años desde que los plante y ahora que empezaban a salir llego la niebla espesa.
Desde cualquier ventana por la que podía
asomarme no lograba divisar nada.
Recordé que mi abuela me contaba, cuando era
niña, que un año en el mes de abril cuando ella tenia 8 años llego una niebla
espesa que oscureció la luz durante 10 días. Se me había olvidado y cuando lo
recordé me entro un frío que me recorrió entera . No me gustaba esta situación,
me daba miedo. Si fuera capaz de atravesar la puerta y salir fuera quizás me tranquilizaría,
pues la humedad de fuera me refrescaría del calor agobiante que había dentro de
la casa. Mil veces había llegado a tocar el picaporte para abrir la puerta y
salir y otras tantas me había echado atrás.
Conté los días que llevaba en esta situación y
caí en la cuenta que llevaba 18 días
con sus noches. Había estado fijando la vista para ver si vislumbraba algo de
mi jardín durante todo este tiempo y lo más que se veía eran 2 metros, el resto era la espesura, el
gris y la humedad. De tanto esforzar la vista los ojos me picaban.
Mañana, me decía por las noches al acostarme,
se habrá despejado, y si no, me
atreveré a salir.
Aquella mañana, después de 18 días en casa, me
vestí, me puse el abrigo, la bufanda y los guantes y sin pensármelo dos veces abrí
la puerta y salí. Tienes 25 años, me dije, y esto no puede seguir así, tienes
que vencer la pena.
Me dirigí hacia los rododendros, aquellos que
habíamos plantado juntos con tanta ilusión, y que ahora estarían en flor. Al
llegar junto a ellos adivine a través de la espesura un hilo de niebla que se
mecía con la brisa, alargue la mano para tocarlo y en ese momento se desenredó
de las hojas del rododendro y empezó a entrar claridad, rayos de sol brillante
hacían resplandecer las rosas, las camelias y todas las flores que con tanto
amor habíamos plantado.
Mire hacia arriba y vi que una nube se alzaba
hacia el cielo desde mi jardín.
El cielo estaba despejado.
Comprendí entonces que la nube se había posado
en mi jardín el mismo día en el
que a mi se me nublaron los ojos de tanto llorar.
No tengo palabras para describir esta entrada. ¿Me puedes mandar el nombre del autor para comprar el libro?
ResponderEliminar¡Qué tristeza! Se me está nublando el día, no sé si de nubes o de lágrimas. No me des disgustos de ese tipo, por favor.
ResponderEliminarpues al final resulto ser un bonito relato, ya me tenías acojonado, pensé que alguién saltaría desde el rosal aprovechando la niebla.
ResponderEliminar¡Que pesadita esta niña! 18 días esperando a que se fuera un rato al jardín para poder sacar las pelusas y esparcirlas por las habitaciones.
ResponderEliminar¿Donde esta ubicada esa casa?. Me suena que sea Asturias.
ResponderEliminareso en mi casa no hubiera pasado , mi madre, la actriz, hubiera mandado al jardinero
ResponderEliminarHay que ser valiente para salir, para luchar, para afrontar, para investigar, para..........,pero si lo eres al final esta la luz.
ResponderEliminarSeñora,¡no me diga más! Por lo que me cuenta, durante 18 días Ud. padecía de "legañas".
ResponderEliminarLa próxima vez lávese los ojos con manzanilla o solicite de su farmacia un colirio adecuado.
Próximamente le enviaré mi factura. De nada,¡a mandar!