martes, 30 de abril de 2013

La niebla espesa


Me asomé a la ventana de mi casa, estaba nublado, mejor dicho había una niebla espesa que me impedía ver los rosales, las camelias y aquellas preciosas flores que ahora tienen los rododendros. Había esperado dos años desde que los plante y ahora que empezaban a salir  llego la niebla espesa.

Desde cualquier ventana por la que podía asomarme no lograba divisar nada.

Recordé que mi abuela me contaba, cuando era niña, que un año en el mes de abril cuando ella tenia 8 años llego una niebla espesa que oscureció la luz durante 10 días. Se me había olvidado y cuando lo recordé me entro un frío que me recorrió entera . No me gustaba esta situación, me daba miedo. Si fuera capaz de atravesar la puerta y salir fuera quizás me tranquilizaría, pues la humedad de fuera me refrescaría del calor agobiante que había dentro de la casa. Mil veces había llegado a tocar el picaporte para abrir la puerta y salir y otras tantas me había echado atrás.

Conté los días que llevaba en esta situación y caí en la cuenta  que llevaba 18 días con sus noches. Había estado fijando la vista para ver si vislumbraba algo de mi jardín durante todo este tiempo y lo más que se veía eran  2 metros, el resto era la espesura, el gris y la humedad. De tanto esforzar la vista los ojos me picaban.

Mañana, me decía por las noches al acostarme, se habrá despejado, y si no,  me atreveré a salir.

Aquella mañana, después de 18 días en casa, me vestí, me puse el abrigo, la bufanda y los guantes y sin pensármelo dos veces abrí la puerta y salí. Tienes 25 años, me dije, y esto no puede seguir así, tienes que vencer la pena.

Me dirigí hacia los rododendros, aquellos que habíamos plantado juntos con tanta ilusión, y que ahora estarían en flor. Al llegar junto a ellos adivine a través de la espesura un hilo de niebla que se mecía con la brisa, alargue la mano para tocarlo y en ese momento se desenredó de las hojas del rododendro y empezó a entrar claridad, rayos de sol brillante hacían resplandecer las rosas, las camelias y todas las flores que con tanto amor habíamos plantado.

Mire hacia arriba y vi que una nube se alzaba hacia el cielo desde mi jardín.

El cielo estaba despejado.

Comprendí entonces que la nube se había posado en mi jardín el mismo día  en el que a mi se me nublaron los ojos de tanto llorar.  

8 comentarios:

  1. No tengo palabras para describir esta entrada. ¿Me puedes mandar el nombre del autor para comprar el libro?

    ResponderEliminar
  2. ¡Qué tristeza! Se me está nublando el día, no sé si de nubes o de lágrimas. No me des disgustos de ese tipo, por favor.

    ResponderEliminar
  3. pues al final resulto ser un bonito relato, ya me tenías acojonado, pensé que alguién saltaría desde el rosal aprovechando la niebla.

    ResponderEliminar
  4. ¡Que pesadita esta niña! 18 días esperando a que se fuera un rato al jardín para poder sacar las pelusas y esparcirlas por las habitaciones.

    ResponderEliminar
  5. ¿Donde esta ubicada esa casa?. Me suena que sea Asturias.

    ResponderEliminar
  6. eso en mi casa no hubiera pasado , mi madre, la actriz, hubiera mandado al jardinero

    ResponderEliminar
  7. Hay que ser valiente para salir, para luchar, para afrontar, para investigar, para..........,pero si lo eres al final esta la luz.

    ResponderEliminar
  8. EL OFTALMÓLOGO (OCULISTA)1 de mayo de 2013 a las 19:54

    Señora,¡no me diga más! Por lo que me cuenta, durante 18 días Ud. padecía de "legañas".
    La próxima vez lávese los ojos con manzanilla o solicite de su farmacia un colirio adecuado.
    Próximamente le enviaré mi factura. De nada,¡a mandar!

    ResponderEliminar