martes, 3 de septiembre de 2013

Un reflejo.

Hacía un calor sofocante. Me pareció que el restaurante tenía buen ambiente y seguramente aire acondicionado. Entré y busqué un sitio algo apartado, donde no hubiera niños gritones con madres atacadas.

Me senté frente al ventanal que daba al parque, ahora vacío por el calor,  donde había una fuente enorme con pajarillos sedientos lavándose y bebiendo.

paule ka
Reflejándose en el cristal observe que una pareja de edad madura se situaba en la mesa que había detrás de la mía. El había llegado apoyándose en un bastón que dejo a su lado al sentarse. Ella muy arreglada y estirada se sentó colocándose el pantalón y dejando el bolso en el asiento vacío que había a su lado.

Mientras el camarero me traía la ensalada que había pedido me dedique a observarlos.

Ella se parecía a Diane Keaton. Con un corte de pelo impecable, gafas de montura de concha, pendientes de perlas, una blusa color marfil y el pantalón color tostado con un cinturón ancho. Los zapatos no los podía ver desde mi posición, pero apostaría que eran planos y por supuesto  marrones a juego con el bolso.

El canoso, bronceado, con gafas, se podría decir que atractivo. Vestía polo Lacoste rosa palo y un pantalón azul marino. Tampoco le podía ver los zapatos, que con seguridad eran mocasines.

Mientras comía los observaba sin que ellos se dieran cuenta. Pidieron el menú y vino. 

Hablaban bajito por lo que no podía saber de qué iba la conversación, pero se notaba entre ellos una confianza y complicidad que solo los años son capaces de conseguir. En un momento determinado el comentó algo y ella le miró con severidad. El se empezó a reír y su risa llenó de alegría el restaurante. Ella cada vez mas furiosa le dijo algo que hizo que el pusiera las manos juntas en señal de perdón y siguió sonriendo tan tranquilo. Durante el resto de la comida su conversación fue fluida, pero no conseguí saber de que hablaban.

Yo por mi parte había terminado de comer, pedí la cuenta al camarero, pague y me levanté.

Estiré mis pantalones tostados, metiendo mi blusa de seda marfil por dentro del pantalón y me coloqué el cinturón. Cogí mi bolso marrón, el último regalo que me había hecho mi gran amor hacia seis años y me di la vuelta. Ahora les vería de frente.

Pero al girarme vi que la mesa estaba desocupada.  

9 comentarios:

  1. En un país multicolor...3 de septiembre de 2013 a las 8:27

    Pero si el hombre es mi padre!!!!

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  2. ¡Menudo bolso, ya la podía querer mucho!
    Un relato muy bonito, me ha encantado.
    ¡Qué alegría volveros a leer!

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    1. La quería un montón. Se había paseado por Serrano buscando un bolso acorde con su personalidad y también encontró los zapatos a juego , que era los que llevaba en ese momento. No diré la tienda para no hacer publicidad.

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  3. La homenajeada se convirtió en todas las fuerzas vivas del pueblo, la alcaldesa, la concejal de cultura, urbanismo y fiestas y festejos populares, y la sacerdotisa que ofició frente al templo y bajo el árbol milenario.
    Saludos de un cronista de Conquezuela

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    1. creo que te has equivocado de dia. La pareja estaba en un restaurante afamado de NY de gente muy exclusiva y esa comida campestre en un pueblo perdido reunió a una familia de no foráneos que se llevaron la tartera vacía, el mantel y las mesas al concluir. Todos o casi todos llevaron taper por si sobraba algo, pero no quedo no la sombra de la ensaladilla.

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  4. Los zapatos de él eran unos náuticos azul marino, y los de ella unas sandalias preciosas y seguramente de marca.
    La pareja se fue cuando usted saco la calculadora para comprobar que la suma de su cuenta estaba bien.

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    1. Perdona ,pero cuando yo me di la vuelta ellos se habian ido y tu estabas despotricando porque no te habían dejado propina.

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  5. Que bolso mas bonito, me imagino que acorde con su dueña, esa señora estupenda que aunque enfadada por el comentario de él, enamorada en el recuerdo, si que estaban solo había que verlos alejarse.....

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  6. Los vi, los vi.......ya os contare.

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