Salí a comer con mi compañera de trabajo, ella había quedado
con una amiga que no veía hacia tiempo
Fuimos a una tasca, cualquier sitio es bueno para una
conversación.
La amiga se llamaba Susana.
Al principio la conversación fue convencional “¿Qué tal estás?”
“Bien y ¿tu?”, “¿Tienes hijos?”, “Si, tres”, “Yo dos”…. “¿Qué vais a tomar?
¿Vino, cerveza, agua?...”
Poco a poco fue deslizándose hacia temas más personales, íntimo y confidencial.
Mi compañera nos contó que estaba pasando por un mal momento
matrimonial, tampoco ayudaba mucho la relación con su hija casada, un poco
tensas y estaba intentando acercarse, pero era difícil, su hijo pequeño había colgado los libros y era
un nini.
Susana, que conocía a toda su familia la tranquilizó, que
todo se arreglaría y que trataría de hablar con su hija.
Ella anteriormente no estaba mal, ahora se sentía radiante y
nos puso este ejemplo:
Una mesa se sostiene con tres patas, pero si le ponemos la
cuarta, la mesa esta equilibrada.
Después de comer se marchó y nosotras volvimos al trabajo,
mi compañera, refiriéndose a su amiga dijo “Le ha sentado muy bien la nueva
situación, le brilla la cara”.

Es que a veces no nos damos cuenta de lo que perdemos hasta que no esta, y simplemente ha sido por cabezoneria o no querer dar tu brazo a torcer, pero bueno la amiga de susana lo soluciono antes de que fuera tarde... si, las cuatro patas se necesitan es una pena querer tener la mesa cojeando.
ResponderEliminarPrecioso relato. ¡la vida misma! Cuando se tiene una familia de joven no aprecias esa relación, esos sentimientos, pero con el paso de los años comprendes y aprecias como si de un tesoro se tratara
ResponderEliminarSeguro que el vino estaba de muerte. ¿comisteis patatas bravas? Dan mucho juego
ResponderEliminarhistoria real y bonita solución, amiga.... ¡QUE ALEGRÓN!!!
ResponderEliminar¡¡¡ Hay cada CABEZOTA por ahí!!!
ResponderEliminar