jueves, 10 de octubre de 2013

Algo que contar

Salí a comer con mi compañera de trabajo, ella había quedado con una amiga que no veía hacia tiempo

Fuimos a una tasca, cualquier sitio es bueno para una conversación.
La amiga se llamaba Susana.

Al principio la conversación fue convencional “¿Qué tal estás?” “Bien y ¿tu?”, “¿Tienes hijos?”, “Si, tres”, “Yo dos”…. “¿Qué vais a tomar? ¿Vino, cerveza, agua?...”

Poco a poco fue deslizándose hacia temas más personales, íntimo y confidencial.

Mi compañera nos contó que estaba pasando por un mal momento matrimonial, tampoco ayudaba mucho la relación con su hija casada, un poco tensas y estaba intentando acercarse, pero era difícil, su hijo pequeño había colgado los libros y era un nini.

Susana, que conocía a toda su familia la tranquilizó, que todo se arreglaría y que trataría de hablar con su hija.

Y fue cuando nos contó, mejor dicho me contó porque mi compañera ya lo sabía, aunque no con detalles,  que estaba muy contenta. Durante muchos años había estado alejada de su familia por cuestiones que no venían a cuento relatarnos (orgullo y cabezonería), pero que hacía un par de meses que había vuelto a verlos a raíz de una enfermedad de su padre, la relación se había dulcificado. Tanto ella como sus hermanos habían solucionado sus problemas,  

Ella anteriormente no estaba mal, ahora se sentía radiante y nos puso este ejemplo:

Una mesa se sostiene con tres patas, pero si le ponemos la cuarta, la mesa esta equilibrada.

Después de comer se marchó y nosotras volvimos al trabajo, mi compañera, refiriéndose a su amiga dijo “Le ha sentado muy bien la nueva situación, le brilla la cara”.

5 comentarios:

  1. Es que a veces no nos damos cuenta de lo que perdemos hasta que no esta, y simplemente ha sido por cabezoneria o no querer dar tu brazo a torcer, pero bueno la amiga de susana lo soluciono antes de que fuera tarde... si, las cuatro patas se necesitan es una pena querer tener la mesa cojeando.

    ResponderEliminar
  2. Precioso relato. ¡la vida misma! Cuando se tiene una familia de joven no aprecias esa relación, esos sentimientos, pero con el paso de los años comprendes y aprecias como si de un tesoro se tratara

    ResponderEliminar
  3. Seguro que el vino estaba de muerte. ¿comisteis patatas bravas? Dan mucho juego

    ResponderEliminar
  4. historia real y bonita solución, amiga.... ¡QUE ALEGRÓN!!!

    ResponderEliminar
  5. ¡¡¡ Hay cada CABEZOTA por ahí!!!

    ResponderEliminar