¡Ya está aquí Mayo!
No atinaba con las palabras, balbuceaba, tartamudeaba hasta que al final pude narrar todo lo que vi (siempre a través de los prismáticos) y continué narrando...
Se bajaron de coche y abrieron el maletero. Sacaron algo blanco, y como en las películas, lo pasaron por las cerraduras de las puertas y salieron andando cuesta abajo.
Estuvieron sentados un rato sobre unas piedras.
Mientras, yo rezaba para que la policía llegará. Así paso, a los cinco minutos se presentaron dos coches de la guardia civil y el de la policía local.
Desde mi guarida los controlaba visualmente.
Me llamó un agente in situ, para ratificar que había sido yo la denunciante y comunicarme que por la tarde bajara a las dependencias policiales para poner la denuncia por escrito.
Habían robado el coche en Parla o Fuenlabrada y luego en una gasolinera se dieron a la fuga sin pagar. Con mi denuncia y la grabación de la gasolinera, supieron que eran ellos.
A los veinte días aproximadamente recibí una carta del Excmo. Ayuntamiento de C-M donde el concejal de seguridad ciudadana, y el jefe de la policía me daban las gracias por la ayuda prestada para la detención de aquellas personas.

Caso resuelto. Deberías moverte más por otros pueblos y ciudades (con tu visillo) y así poder hacer que detengan a algunos cuantos más.
ResponderEliminarNi la viejecita de Jose Mota hubiera cotilleado de manera tan eficiente. Deberían en los pueblos haber una concejala de visillos corridos. Todo iría mucho mejor.
ResponderEliminarNo eran muy profesionales los dichos delincuentes, más bien unos pobres diablos, pues para poner el objeto de sus fechorías y cuerpo del delito a los pies de tu atalaya, hace falta tener pocas luces
ResponderEliminarSaludos de lojo de halcón