martes, 11 de marzo de 2014

El amor no es eterno

Parecía un día normal. Todos los enamorados estaban en sus puestos.

El chófer esperaba a su jefe sentado en el Audi  mirando por el espejo retrovisor a la mujer que le robaba el sueño.

El enamorado I comprándose caprichos imprescindibles.

La dependienta y el encargado solícitos recogían las prendas e iban envolviéndolas.

Los enamorados V y VI rodeaban el preciado bolso.

La del abrigo raído se estremecía de frío en la esquina de Jorge Juan con Serrano, esperando la salida de su amor.

El indigente tomaba un café a sorbos sentado en el portal escudriñando todos los gestos de su amada.

El portero de Jorge Juan saludaba al cartero.

De pronto apareció un todo terreno que arremetió contra el Audi. El chófer recibió el impacto desprevenido chocando su cabeza contra el parabrisas. Su última visión fue la carita triste de ella.

Del Todo Terreno salieron tres tipos mal encarados, que pistola en mano entraron en la tienda.

En un momento todo fueron gritos. Luego disparos. Luego sangre.

La del abrigo raído dándose cuenta de la situación cruzó la calle ciega de espanto justo cuando un taxista entraba en la calle. El impacto fue tremendo y quedo tendida en el suelo.

El indigente corrió a auxiliarla, pero nada se podía hacer por ella. Agachándose posó sus labios en los de ella, se incorporo y despacio se alejó calle arriba buscando un bar donde llorar y beber.

Cuando la policía entró en la tienda los malhechores habían huido y se encontraron a una joven  dependienta tendida en el suelo cubierta de sangre y del encargado. Este parecía querer protegerla. Fue cuando más cerca estuvo de ella. Murieron abrazados. A un famoso aristócrata  tendido elegantemente en el suelo con sangre roja alrededor y a dos compradores asiendo un precioso bolso con sendos disparos en el corazón.

1 comentario:

  1. No he leído tanta sangre ni en los libros de Al Capone. ¡¡¡Buen final!!!

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