Parecía un día normal. Todos los enamorados estaban en sus
puestos.
El chófer esperaba a su jefe sentado en el Audi mirando por el espejo retrovisor a la mujer
que le robaba el sueño.
El enamorado I comprándose caprichos imprescindibles.
La dependienta y el encargado solícitos recogían las prendas
e iban envolviéndolas.
Los enamorados V y VI rodeaban el preciado bolso.
La del abrigo raído se estremecía de frío en la esquina de
Jorge Juan con Serrano, esperando la salida de su amor.
El indigente tomaba un café a sorbos sentado en el portal
escudriñando todos los gestos de su amada.
El portero de Jorge Juan saludaba al cartero.
De pronto apareció un todo terreno que arremetió contra el
Audi. El chófer recibió el impacto desprevenido chocando su cabeza contra el
parabrisas. Su última visión fue la carita triste de ella.
Del Todo Terreno salieron tres tipos mal encarados, que
pistola en mano entraron en la tienda.
En un momento todo fueron gritos. Luego disparos. Luego
sangre.
La del abrigo raído dándose cuenta de la situación cruzó la
calle ciega de espanto justo cuando un taxista entraba en la calle. El impacto
fue tremendo y quedo tendida en el suelo.
El indigente corrió a auxiliarla, pero nada se podía hacer
por ella. Agachándose posó sus labios en los de ella, se incorporo y despacio
se alejó calle arriba buscando un bar donde llorar y beber.
Cuando la policía entró en la tienda los malhechores habían
huido y se encontraron a una joven
dependienta tendida en el suelo cubierta de sangre y del encargado. Este
parecía querer protegerla. Fue cuando más cerca estuvo de ella. Murieron
abrazados. A un famoso aristócrata
tendido elegantemente en el suelo con sangre roja alrededor y a dos
compradores asiendo un precioso bolso con sendos disparos en el corazón.
No he leído tanta sangre ni en los libros de Al Capone. ¡¡¡Buen final!!!
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