En mi trabajo es normal recibir regalos.
Mis pacientes son de todo tipo y condición, personas
agradecidas que quieren ofrecerte lo mejor que tienen.
Me han regalado tortillas de patatas, croquetas caseras,
empanadas, quesos, pasteles, bombones, cajas de fruta, espárragos trigueros,
anchoas de Santoña y un sin fin de alimentos que siempre he aceptado con una
maravillosa sonrisa y un par de besos de agradecimiento. Normalmente convido a
mis compañeros y no llegan a casa. Odio cargar con paquetes y bolsas, los que
bien me conocen lo saben.
En una ocasión me regalaron un juego de zapatos y bolso
precioso de Balenciaga, Diorisimo (mi perfume favorito), una cartera de Loewe,
unos pendientes de Duran, una pulsera de Tous, un bolso de Bimba y Lola, un
coche, libros, pañuelos, pulseras de mercadillo, relojes y mil cosas mas. Lo
acepto con esa maravillosa sonrisa de la ya hice mención antes y el par de
besos.
He recibido autenticas horteradas como un pianito musical
nocturno (tenias que apagar la luz para verlo en todo su esplendor), bisutería
reciclada (antes tuvo otro dueño), pañuelos de imitación dudosa, pendientes
imponibles, y objetos que mi mente se ha esforzado en olvidar para no tener
pesadillas.
Pero el regalo que mas me gusta es cuando vienen, me dan un
abrazo entrañable, que devuelvo con mi sonrisa maravillosa y me dicen:
Gracias Enero, nunca te olvidare. Gracias a ti estoy
estupendamente.
...hum,hum,¿un coche? ¿qué le hiciste?
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