martes, 9 de julio de 2013

Los regalos

En mi trabajo es normal recibir regalos.

Mis pacientes son de todo tipo y condición, personas agradecidas que quieren ofrecerte lo mejor que tienen.

Me han regalado tortillas de patatas, croquetas caseras, empanadas, quesos, pasteles, bombones, cajas de fruta, espárragos trigueros, anchoas de Santoña y un sin fin de alimentos que siempre he aceptado con una maravillosa sonrisa y un par de besos de agradecimiento. Normalmente convido a mis compañeros y no llegan a casa. Odio cargar con paquetes y bolsas, los que bien me conocen lo saben.

En una ocasión me regalaron un juego de zapatos y bolso precioso de Balenciaga, Diorisimo (mi perfume favorito), una cartera de Loewe, unos pendientes de Duran, una pulsera de Tous, un bolso de Bimba y Lola, un coche, libros, pañuelos, pulseras de mercadillo, relojes y mil cosas mas. Lo acepto con esa maravillosa sonrisa de la ya hice mención antes y el par de besos.

He recibido autenticas horteradas como un pianito musical nocturno (tenias que apagar la luz para verlo en todo su esplendor), bisutería reciclada (antes tuvo otro dueño), pañuelos de imitación dudosa, pendientes imponibles, y objetos que mi mente se ha esforzado en olvidar para no tener pesadillas.

Pero el regalo que mas me gusta es cuando vienen, me dan un abrazo entrañable, que devuelvo con mi sonrisa maravillosa y me dicen:


Gracias Enero, nunca te olvidare. Gracias a ti estoy estupendamente.   

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