Se levanto nerviosa, hoy era un día
especial. Era el día que esperaba cada semana ...el martes.
Su madre la miraba preocupada, no entendía
que cada martes su hija se levantara inquieta.
Después de arreglarse con lo mejor que
tenía se miró al espejo. las medias tenían un agujerillo, pero no se veía, la
falda tenia un poco de culera, no en vano la tenía desde hacía ocho años, el
jersey era casi nuevo, se lo compró hacia dos años y estaba limpio, se había
lavado el pelo y aunque aparecían algunas canas, no estaba mal.
-Donde va la Señoritinga?
-De compras madre.
-Te gastas todo el sueldo en ropas, así
luego no llegamos a fin de mes.
-No exageres, madre, llegamos, mal pero
llegamos.
La madre tenía cataratas y afortunadamente
no se daba cuenta de nada. Metió en una bolsa unos pantalones y unos pañuelos y
dándola un beso se fue a la calle.
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No soportaba el olor del metro. Pescado,
rancio, mugre, tabaco, perfumes pachulis y otros aromas la acompañaron durante
trece estaciones. Se bajó en su destino y despacio se dirigió a su cita.
Se apostó en la esquina de Serrano con
Jorge Juan y esperó.
A la media hora apareció el Audi. Contuvo
la respiración. Allí estaba EL. Que guapo estaba hoy...bueno, siempre lo
estaba.
EL se bajo del coche y se metió en la
tienda. Esperaría. Hacía frío.
Pasado un rato largo EL salió de la tienda,
se metió en el coche. y se fue.
Ella desanduvo el camino y se dirigió
despacio a su casa. No notaba los olores. Ya no la importaba.
-Que
has comprado hija? Había muchas rebajas?
Poca cosa, madre, unos pantalones y un par
de pañuelos.
Quizás el martes que viene....

¿Pero bueno qué pasa ésta semana, nadie va a terminar lo escrito?
ResponderEliminar¡Pobre chica! ¿No esta por ahí la tía esa que su madre tenía y no solo derrochaba? ¿no la podía dar algún traje usado dos veces?
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