Después de muchos años se
reunieron, tuvieron que hacer encaje de bolillos para encajar un fin de semana
y que no faltase ninguna, pero por fin lo lograron.
Eran ocho amigas de la
universidad.
El lugar de la reunión, una casa
en el campo en León, donde vivían Susana y su pareja, les había tocado la
lotería y se lo habían gastado en ese chalet en mitad del monte.
Pepa llegaba desde Nueva York, Candela
y su chico desde Rabat, Celia y su marido desde Ankara, Beatriz y el pecoso
desde Cádiz, Minerva con Antonio desde La Coruña.
Ellas, Libertad y Fe desde Madrid,
llegaron juntas y pronto, estuvieron ayudando a los anfitriones, con los
preparativos.
A la casa se llegaba a través de
una carretera con muchas curvas y un par de precipicios, el paisaje
maravilloso, todo verde.
El chalet, de doble altura, con
habitaciones para todos, una decoración de los años 50, muy cómoda. La cocina
enorme, y un salón con chimenea, que no hizo falta encenderla, porque era en el
mes de junio y un sol explédido.
Fuera habían preparado mesas y
carpas. Todas las comidas preparadas por un catering, dos chicas del pueblo
iban a ayudar para que el fin de semana nadie tuviera que hacer nada, solo
hablar y divertirse.
Según iban llegando los besos y
los abrazos, que no paraban, de unas a otras. Se dijeron los guapas que
estaban, los en forma, los peinados, los vestidos, los teñidos, y los botox.
Todo fue muy emocionante, y hasta
algunas lloraron de emoción.
Y aunque siempre hay alguna que
no se lleva tan bien con una como con otra, los besos fueron de todas para
todas.
El fin de semana se pasó hablando, narrando,
chismorreando, y riendo sobre todo.
El último día en la comida se
habló de muchas cosas, pero lo que les llevó mucho tiempo fue el tema de la
suerte.
Comenzaron por si existía o no,
unos decían que habían encontrado trabajo gracias a su suerte, otros no estaban
de acuerdo, que seguro que estuvieron moviéndose para encontrarlo. Otros que la
suerte hay que fomentarla, buscarla. Si las posiciones sociales tenían algo ver
en ello. Si el número 13 daba mala suerte, pero no podía ser así porque eran
trece personas las que allí se habían reunido, que te pase por delante un gato
negro, caminar por debajo de una escalera, el color amarillo en el escenario,
romper un espejo, derramar la sal (según la madre de Fe, la mala suerte de
tener que recogerla), tendrían algo de verdad o eran dichos populares, que no
tenían nada que ver.
No se pusieron de acuerdo.
Llegó la hora de marcharse,
intercambiaron teléfonos, besos y abrazos. Y alguna que otra lloró. ¿Cuándo nos
volveremos a reunir? ¡No lo olvidaremos nunca!.
Las últimas en despedirse
Libertad y Fe.
Bajaban en el coche contentas, comentando
el fin de semana y con la radio puesta en una onda musical, cuando Fe la dijo a
Libertad
- ¿Te acuerdas de esta canción?
- ¡Es de Aute!
En ese momento el automóvil salió
despedido de la carretera, lanzándose al vacío.
- Adiós querida, gritó Libertad.
- Con suerte caeremos sobre una
arboleda- contestó Fe.
Y ….si, caímos sobre un árbol
centenario que tenía todas sus ramas extendidas esperando a recibirnos.
A esto se le llama SUERTE.